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LA GARZA REAL

Cierto día salió a no sé adónde, la garza real con sus largas patas, su largo cuello y su largo pico. Costeaba cierto rio y estaba el agua clara y transparente, como en los mejores días.

Y en el agua una carpa jugueteaba con su compadre el Sollo.

En ese momento la garza podía atraparlos fácilmente pues se acercaban a la orilla, al alcance de su pico; pero le pareció mejor aguardar a que le entrará el apetito.

Era un animal muy arreglado y no comía más que a sus horas. Al cabo de algún rato sintió hambre y acercándose al agua, vio varias tencas que salían de su oculto albergue. No le agradó aquel manjar, esperaba algo mejor y se mostró desdeñosa.

¡Tencas a mí! exclamó ¿Cómo voy a contentarme con comida tan grosera?, ¡soy una garza real! ¿Por quién me tomarían? 

Rehusada la tenca encontró un mísero Gobio.

Tampoco es esa comida para una garza real. ¿Abrir yo el pico por tan poca cosa? Y tuvo que abrir el pico por algo menos, pues no quiso la suerte que viera ya ningún otro pez, malo ni bueno. El hambre apretaba y tomó a gran fortuna encontrar una babosa. No seamos exigentes; quien mucho quiere alcanzar, suele perderlo todo por su vanidad.

Jean de la Fontaine

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